En Madrid, como en todas partes, los locales de barrio han cedido e l espacio que antes habitaban los pequeños comercios: papelerías, pescaderías, tintorerías, a clínicas de estética por doquier. En una calle de Madrid entre bares que aguantan, emergen como setas lugares para esculpir cuerpos de mujeres a base de pinchazos, golpetazos con maderas, masajes quita grasas y si tienes un poco más de dinero y un poco menos de miedo, te reconvierten de arriba abajo en una diosa en un quirófano alquilado por horas.
Imagino mujeres entrando como pan en el horno, solo que aquí en vez de crecer, la masa se desinfla, en vez de pan de pueblo se hornean pezones, en vez de galletas se moldean vaginas virginales.
El obrador es un cirujano al que se le da requetebién amasar cuerpos fofos, recortar carnes sobrantes y estirar caras desaborias. Y en sus manos está el destino de la mujer que, feliz y contenta, pone todo en el horno ( dinero, ilusiones, la propia vida a veces) con un resultado las más de las veces decepcionante.
Varios estudios confirman la decepción: un porcentaje alto de mujeres dicen no haber alcanzado lo que querían tras dos años de una operación estética. Clientas insatisfechas con su nuevo cuerpo que son, como el negocio del pan, trementademente rentables. El pan se pone duro y hay que tirarlo, el cuerpo pierde miga, hay que seguir amoldándolo.
El gran negocio en el que todos estamos inmersos: el de la búsqueda de un ideal imposible que convierte en compulsiva la búsqueda. Nunca es suficiente. Ni lo será. El pedido de Shein no se parece nada al de la foto.
¿Por qué la insatisfacción? Es simplemente porque distorsionamos el ideal buscado al conseguirlo un nuevo defecto que nos haga volver a no ser ideales? Cuál es el ideal? Es una imagen o más bien una fantasía de una imagen inalcanzable?
Podríamos pensar que es esto y mucho más. Que en la búsqueda de la belleza puesta en la superficie- cuerpo hay una mucho más profunda y humana: que nos amen.
Malentendido rentable poner en en la vista de los ojos todo nuestro valor.
No creo que el inventor de esto sea el capitalismo pero, como con todas las necesidades afectivas humanas, conoce bien cómo aprovecharlo hasta la perversión.
La necesidad de amor es básica en nuestra especie, y comienza mírenle ustedes en el cuerpo. Amor al bebito guapo, suave, monísimo. Hambre-desamor-pecho-amor. Al principio nos sentimos amados a través de nuestro representante material, aprendizaje arcaico que todos albergamos. Se espera que aprendamos a ser vistos por ser nosotros, pasando del ideal a la realidad, del solo cuerpo al alma- cuerpo, pero este primer aprendizaje queda en el tuétano. Y volvemos a él en momentos de incertidumbre si es que uno no queda en esta relación primaria atrapado que tiene otra condición fundamental: la dependencia a quien nos da o nos quita esa amor.
Dependencia asimétrica a la que todos en nuestro primer tiempo nos sometemos: el de un poder supremo que debe cuidarnos. Relación narcisista primaria*.
Así que primero cuerpo (el yo es primariamente corporal) y primera relación asimétrica ( sometedor-sometido).
La madre, ese primer sometedor poderoso, podrá convertir su poder en ternura ( en el cuerpo primero), madre Erótica o someterá a su bebé a su merced: madre narcisista.
La madre erotica se abre al mundo y su foco no es solo su bebé si no que mira más allá, transmitiendo el deseo de comer afuera a su hijo, mientras que la madre narcisista ahogará al bebé en sus demandas de amor dual. Solo mi comida te daré.
La madre erotica pone un pedacito de masa madre a su bebé, permitiendo añadirle ingredientes a su bollito.
La narcisista quiere ser toda la masa. Bizcochito clonado, pan de mi pan.
Estás relaciones serán el prototipo de las relaciones futuras con nosotras mismas, nuestras amigas, nuestras parejas y con nuestro propio cuerpo.
Relación erotica: buscamos placer en compartir nuestro cuerpo con otro cuerpo.
Relación narcisista: nos miramos, nos miramos y necesitamos ser mirados, los otros cuerpos son solo una comparación con el propio que cada vez necesitará más y más retoques hasta ahogarse, como Narciso, en la propia imagen.
*La relación narcisista primaria es necesaria pero después adviene la siguiente, siempre que mamá no quiera comerse a su bollito de un bocado.


